Dawn Wiener: ¿Por qué me odias tanto?
Lolita: Porque eres fea.
No hay pregunta más desesperada ni respuesta más fulminante. Descendientes de la humillación más profunda y la crueldad más sincera, frases así solo pueden proceder de un lugar; uno en el que todos hemos estado pero al que ninguno querría volver. ¿Es que nadie recuerda su infancia? Para Todd Solondz todos hemos sido Dawn Wiener, por mucho que nos cueste retrotraernos. O lo que es peor: todos hemos sido Lolita y hemos atormentado a Dawn Wiener, y eso sí que lo recordamos a la perfección.
Bienvenidos a la casa de muñecas se propone definir el horror infantil y a las criaturas que lo habitan desde el imaginario norteamericano. Así, revisita el género de las películas de adolescentes para analizar a sus personajes desde un nuevo y perverso punto de vista. Para el director, los institutos son un hábitat hostil donde los púberes, de acuerdo con reglas no escritas, se convierten sin remedio bien en glorias adolescentes o bien en jóvenes desgraciados. Es la mil-veces-vista división entre cheerleaders, jugadores del equipo de futbol y empollones del club de matemáticas. Pero eso sí, mucho más retorcida. Para Todd Solondz pertenecer a una u otra clase depende del azar. Es el caso de la familia Wiener y sus tres hijos.
El primero es Mark, el geek, o lo que es lo mismo, un nerd que intenta suplir sus deficiencias sociales con habilidades técnicas sin proyección alguna. Así, centra todos sus esfuerzos en su currículo y todas sus ambiciones en ganar un concurso de robótica local. Es la forma que tiene el geek de “integrarse” de algún modo en la pirámide escolar, auque sea haciendo los deberes de los admirados deportistas infantiles.
La segunda es Dawn, nuestra protagonista. Dawn es un giro de tuerca más al nerd prototipo. No solo es considerada fea y perdedora sino que ella misma decide regodearse en su marginalidad y repudiar a todo lo que no forma parte de su exclusivo Club de Gente Especial. De hecho, todos los instantes argumentales decisivos de la película tendrán que ver con el ascenso de Dawn al “mundo superior”, solo para descartarlo de inmediato en un acto de profundo desprecio.
Viendo Bienvenidos a la casa de muñecas podríamos pensar que Mark o Dawn llegarán a convertirse algún día en adultos triunfadores, o por lo menos, en adultos suficientemente dignos como para resarcir su infancia. Pero si algo deja claro Todd Solondz en su última película, Palíndromos, es que ni Mark madurará como el nuevo Bill Gates (sino como un presunto pedófilo repudiado) ni Dawn se convertirá en una exitosa concertista (pues su canción solo adornará su precipitado funeral). Los dos hermanos están determinados por la misma y democrática desesperación de los perdedores. No lo está la pequeña Missy Wiener, que, a diferencia de ellos, posee las caprichosas claves de una vida amable muy lejos del fracaso. Y es esta cualidad innata e irremediable lo que nos hará ver a una Dawn resentida, capaz de ser feliz perdiendo a su hermana, y mucho más utilizándola como medio para convertirse en la heroína de la familia (algo que finalmente nunca ocurre).
Sin duda, la habilidad de esta película está en que, sirviéndose de prototipos y situaciones muy conocidas, nos logra transmitir sentimientos (nunca amables) nada habituales en el género. Porque en la historia del cine han existido muchos nerds y muchas películas centradas en ellos; y en todas ellas el nerd, friqui o weird ha aspirado a la redención, a que las puertas del cielo le fueran abiertas y el hermanamiento con los “normales” fuera posible. Pero lo que diferencia a Bienvenido a la casa de muñecas de todas ellas es la imposibilidad absoluta de que esto ocurra. Aquí, la “desfriquización” no es posible, la posibilidad de ascender o cambiar de condición es solo una ilusión propia de la infancia.
Curiosidades: En la página Movie Criticism for the Retarded el crítico Noel Wood elabora un top ten de los mejores nerds de la historia del cine.
Trailer de la película




